28 junio 2008

ENTREVISTA: PIEDAD CÒRDOBA

Jorge Ramos Ávalos
No fue fácil localizarla. Durante meses la estuve persiguiendo para entrevistarla. En Miami. En Washington. En Caracas. Nada. Hasta que un buen día la encontramos en su casa, en Bogotá, y fue ahí, vía satélite, cuando por fin pude conversar con la senadora Piedad Córdoba. Es, sin duda, una de las figuras más controversiales de Colombia y, como pude comprobar, nunca huye de una pelea.
Comencé preguntándole sobre su denuncia de que el gobierno del presidente colombiano, Álvaro Uribe, tenía un fondo para rescatar, por la fuerza, a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, y a otros secuestrados.

¿De dónde había sacado la información? “Yo lo supe por un informante desmovilizado”, me dijo. “Y es una información muy seria de que el presidente ha venido buscando la posibilidad de ofrecerle 100 millones de dólares a cualquier persona del secretariado (de las FARC), o muy cercana al secretariado, que les de información exacta, las coordenadas exactas, donde podría encontrarse Ingrid Betancourt y rescatarla en un operativo similar al que hicieron cuando invadieron territorio ecuatoriano”. Ella cree que un operativo así sería muy peligroso y pudiera culminar con la muerte de los secuestrados.

Piedad Córdoba está convencida de que tanto el comandante guerrillero Raúl Reyes como el líder de las FARC, Manuel Marulanda “Tirofijo”, quienes murieron recientemente, tenían “buena voluntad y la intención de (liberar) a los rehenes por parte de las FARC”. De hecho, al hablar sobre Marulanda, la senadora me dijo textualmente que “necesitamos gente como él, que podía hacer la paz, para que Colombia pueda salir de todo este hoyo tan profundo en que está”.

A pesar de lo anterior, la senadora me dijo estar “totalmente segura de que el accionar de la guerrilla es responsable de muertes y secuestros”. Y luego matizó. “Yo no estoy privilegiando la guerra. Yo soy una demócrata, jamás he empuñado un fusil. Pero no puedo seguir haciéndole el juego a una derecha, y a un establecimiento de este país que le quiere hacer creer al mundo que el problema de Colombia son las FARC. Y eso no es cierto. Las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y los paramilitares son consecuencia de un modelo de desarrollo injusto, excluyente”.

Córdoba reconoce que las FARC secuestran – “todo el mundo lo sabe”– y que “aquel que secuestra, no solamente se puede clasificar como terrorista (sino que) es un violador del derecho internacional humanitario”. Sin embargo, se resiste a calificar como “terroristas” a las FARC. “Ni me vas a escuchar”, me dijo, “porque mi objetivo no es simplemente decir cosas que le agraden a unos para quedar bien. Mire, yo pienso que el conflicto colombiano es muy complejo, lleva 60 años... Eso no significa que yo esté del lado de las FARC o que esté en contra del Gobierno”.

La senadora cree que con el nuevo líder de las FARC, Alfonso Cano, y “con la ayuda y la cooperación internacional, se puede lograr reabrir el acuerdo humanitario y los contactos para la liberación (de secuestrados)”. Pero para ella el principal obstáculo para esto es el propio presidente Álvaro Uribe, cuyo gobierno describió como el de un “régimen mafioso”.

“Yo no me arriesgaría a hablar de un proceso de paz con el Presidente de la República”, me aseguró, “porque creo que él juega más a la salida militar, a la salida de la guerra, y no creo que en la agenda del presidente esté un proceso de paz”. Luego me dijo que el 6.5% del presupuesto colombiano está “dirigido a la guerra” y que ella cree que la única salida es “política y negociada”.

La senadora Córdoba, junto con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ayudó en la liberación hace unos meses de varios secuestrados en poder de la guerrilla. Para ella, Chávez es “un hombre generoso, un hombre socialista, que privilegia la paz y que privilegia, además, el que muchos hombre y mujeres no se mueran de hambre”.

Ella rechaza la reciente afirmación del subsecretario de Estado norteamericano, John Negroponte, quien aseguró que “no existen dudas de que revolucionarios de las FARC se refugian en Venezuela”. “Yo no creo eso”, me dijo, “yo creo que eso es parte de una estrategia que ha sido muy bien diseñada, no solamente por parte del mismo Gobierno colombiano, sino también con la ayuda y cooperación del departamento de estado norteamericano”. Tampoco cree en la credibilidad de la información hallada en las computadoras del asesinado líder guerrillero Raúl Reyes. “Yo cada vez creo menos... y cuando yo oigo al fiscal general de la nación decir que yo mandé 900 correos (electrónicos a Raúl Reyes), pues eso para mi es prueba suficiente de que eso es un montaje, que eso es una mentira”.

Córdoba, quien fuera secuestrada por paramilitares, se reconoce como una mujer “absolutamente controvertida” y amenazada de muerte. “¿Quién la quiere matar?” le pregunté. “Yo pienso que el establecimiento”, contestó. “Un sector muy importante del establecimiento de este país no me quiere matar solamente a mí; quiere matar a todo el que piense distinto. No nos dejaremos amedrentar por los calificativos. No nos da ningún temor que nos digan terroristas, que nos digan guerrilleros o guerrilleras, y que además nos sometan permanentemente al escarnio público”.
Ella sabe que por “el desgaste que yo he sufrido políticamente” no puede aspirar a la Presidencia de Colombia. Aunque le parece más importante trabajar por “el proceso de paz”.
Terminé la entrevista, que fue filmada originalmente para la televisión, preguntándole sobre los turbantes que usa. ¿Qué esconden? “Una cabeza llena de ideas”, me respondió con una sonrisa, para luego apuntar que el turbante, para ella, “significa mi orgullo total por mi pertenencia a la afrodescendencia de América Latina y de Colombia”.
Al final, tuve que reconocer que la senadora contestó todas y cada una de mis preguntas y que cree en lo que dice. “Me la sigo jugando”, concluyó.
The New York Times Syndicate. El autor es el conductor del noticiero Univisión
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