04 noviembre 2012

EL CARISMÁTO RESERVADO QUE INTENTA RECUPERAR SU AURA

Perfil

María Ramírez | Nueva York
El Grant Park de Chicago donde Barack Obama celebró su victoria electoral entre gritos y muchas lágrimas de emoción en 2008 es hoy el escenario de las protestas y arrestos semanales de 'indignados'. El parque junto a su casa familiar, siempre resguardada por el servicio secreto, tiene la hierba alta y está poblado de bolsas de plástico. Y en la librería del barrio donde presentó sus memorias antes de ser presidente no quieren presumir de su autor de lujo.
Estos cuatro años de crisis económica han erosionado el activo político clave de Obama, su aura de hombre extraordinario. El rastro del demócrata en Chicago ha perdido su atractivo público igual que el presidente. Por muy formidable que sea su biografía, contada con detalle, autocrítica e ironía por él mismo en dos libros de memorias bien escritos y muy entretenidos.
El hijo de una blanca de Kansas y un negro ausente de Kenia, criado por sus abuelos con recursos limitados en Hawai y por su madre casada por segunda vez en Indonesia, consigue estudiar en la Universidad de Columbia y triunfar en Harvard, elegido en 1990 como el primer presidente afro-americano de la 'Harvard Law Review'. Apadrinado por la dudosa clase política de Chicago, asciende de activista de barrio hasta senador demócrata. Y de ahí, con un poderoso discurso en la convención demócrata de 2004 en Boston, se convierte en promesa en una época oscura para su partido. En 2008, el dinámico candidato vence a la vieja guardia demócrata representada por los Clinton y hace soñar de nuevo al público abrumado por una década de terrorismo y políticas conservadoras de George W. Bush.
La historia es la de una aventura extraordinaria. Pero incluso ese perfil tiene detalles que muestran que el carismático político no es tan idealista ni simplemente afortunado. Como cuenta David Remnick en su biografía del presidente, 'The Bridge', Obama eligió con cuidado a sus aliados. Se metió en una iglesia con una congregación de políticos, altos funcionarios y empresarios clave en Chicago, aunque al final acabara renegando de su pastor, Jeremiah Wright, por sus comentarios racistas. Y escogió hasta el barrio donde debía vivir para tener un futuro político. Metódico y también calculador, estudiaba cada paso.
Ahora bien, el presidente sufre ahora las lagunas que le achacaban sus rivales y los seguidores de Hillary Clinton, actual secretaria de Estado. "Es una magnífica persona, pero no tenemos tiempo para alguien que va a hacer prácticas en este puesto de trabajo", aseguraba a este diario una gran donante demócrata. Cuando fue elegido, Obama había estado menos de cuatro años en el Senado de EEUU y gran parte de ellos los había pasado en su propia campaña presidencial.
El libro 'Confidence Men' de Ron Suskind, que ofrece una visión crítica con fuentes del Gobierno, describe, de hecho, a un Obama indeciso, lento y poco convencido de su equipo económico. El autor y reportero relata la toma de contacto de Obama con la dura realidad económica desde el poder "como un aterrizaje en la Luna". El presidente se bloqueó sobre qué hacer con la crisis o si aumentar o no, y cuánto, las tropas en Afganistán.
Pese a sus dificultades, sigue siendo el presidente atractivo y orador concienzudo que encandiló al electorado. Su dicción y su físico le ayudan. Con 50 años, cumplidos en agosto, sigue en forma y sus partidos de baloncesto con los más fieles son una tradición en la Casa Blanca. Además, ha mejorado en las relaciones personales y le gusta hacer apariciones sorpresa en canchas o hamburgueserías. Ha aprendido de su mujer, Michelle, que, pese a su desprecio inicial por la política, tiene dominado el arte de la comunicación pública. La primera dama mantiene intacta su popularidad gracias a su calidez habitual o a sus éxitos políticos, por ejemplo con sus programas para que los niños estadounidenses coman mejor, adelgacen y en el futuro le cuesten menos a la sanidad pública. Ella es siempre la más abierta de la familia.
Pese a ser el hombre más poderoso del mundo, Obama sigue siendo reservado y le gusta poco tratar con los políticos de Washington o los líderes con los que comparte tantas fotos de familia. En noviembre, le dejó su asistente personal, Reggie, de 30 años, para hacer un Master en Economía y cambiar de vida. Hace unos días, en un vuelo antes de un acto de campaña, el presidente no se entretuvo en consultar a expertos o congresistas, sino que se dedicó a llamar al joven que ha sido su sombra en la Casa Blanca. "Le echo de menos", confesaba el presidente.

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