08 septiembre 2013

LAS CLAVES DEL ATAQUE QUE SE PLANEA CONTRA SIRIA

Hora cero para ataque a Siria
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Los misiles lanzados desde portaaviones o barcos parece que es una de las opciones que tiene planeada Estados Unidos.

        
   El conflicto en este país es un polvorín para una región inestable y llena de grupos extremistas.
Si todo sale como está previsto, esta semana el Congreso de Estados Unidos podría autorizar un ataque contra el régimen de Bashar al Asad en Siria por haber utilizado, presuntamente, armas químicas para masacrar a miembros de su propia población.
Aunque el tema es aún motivo de intensas discusiones en Washington, existe ya una idea de la estrategia militar que desplegaría el presidente Barack Obama una vez dé la orden para iniciar los bombardeos.
Lo que nadie sabe, y muchos se preguntan con temor, es qué pasará en Siria y esta volátil región de Oriente Próximo una vez el humo se disipe.
En palabras de Anthony Cordesman, experto del Centro para los Estudios Internacionales (CSIS), “la clave no está tanto en la táctica del ataque sino en las consecuencias que estos tendrán en el terreno hacia el futuro”.
Por el momento, la Administración ha dicho que será una ofensiva limitada que durará unos tres o cuatro días –pese a que el Congreso autorizaría hasta 3 meses– y que no contempla tropas en tierra.
Se habla de unos 150 a 300 misiles Tomahawk que serían lanzados desde barcos que ya están en el Mediterráneo. Y si bien Francia podría participar, el grueso del ataque correría por cuenta de los estadounidenses. La mayoría de expertos coincide en que el blanco principal serán los depósitos de armas del régimen, las baterías de artillería, los lanzadores que se pueden utilizar para disparar los cohetes con armas químicas, al igual que pistas de aterrizaje y bases militares donde están parqueados los aviones de la fuerza aérea. Así mismo, búnkeres para comando y control, y centros de comunicaciones.
Aunque EE. UU. posee las coordenadas donde el régimen supuestamente almacena su arsenal químico, estos no serían atacados, pues de hacerlo se correría el riesgo de que los gases afecten a la población.
El plan, según fuentes militares, no buscaría el colapso de Al Asad sino simplemente enviarle una fuerte advertencia de que el uso de armas químicas no será tolerado por la comunidad internacional.
Paralelamente, hay planes de proveer de armas y municiones a ciertos grupos de la oposición, que, sumados a los bombardeos, generarían cierto equilibrio entre las partes y forzarían una negociación para poner fin al conflicto.
Sobre el papel, una estrategia redonda. Sin embargo, son muchas las cosas que podrían salir mal.
De acuerdo con Cordesman, un ataque muy limitado que deje intacto al régimen equivaldría a un jalón de orejas cuyo efecto sería contrario al pretendido. “Antes que aprender la lección, Al Asad podría redoblar su ofensiva contra la oposición y utilizar nuevamente las armas químicas, pues sabe que ni EE. UU. ni el mundo tienen estómago para un castigo mayor”.
Para Christopher Hammer, del Instituto para el Estudio de la Guerra, “un ataque cosmético sería peor que no hacer nada, pues Al Asad podría interpretarlo como un mensaje de que puede continuar masacrando a la población, siempre y cuando no use las armas químicas a gran escala”.
Asimismo, otros países, como Irán y Corea del Norte –que también poseen este tipo de arsenal e incluso armas nucleares–, podrían interpretar la poca resolución estadounidense como un signo de debilidad que les daría luz verde para considerar el uso de estas armas en el futuro.
De otro lado, un ataque demasiado fuerte tendría a su vez consecuencias nefastas. De acuerdo con los analistas, esto podría desestabilizar al régimen y fortalecer a una oposición que está compuesta por una infinidad de grupos, muchos de ellos estrechamente ligados a la red terrorista Al Qaeda. En otras palabras, EE. UU. podría precipitar la caída de Asad solo para ver cómo es reemplazado por su peor enemigo. En cualquiera de los dos casos, existe la posibilidad de que el conflicto se propague.
Siria, que no tiene cómo golpear directamente a EE. UU. o a Europa, podría optar por atacar a Israel o empujar al Hezbolá para que lo haga desde el Líbano.
Tel Aviv, sin duda, respondería a la agresión, lo cual podría desatar una respuesta de Irán, que es aliado tanto de Asad como de Hezbolá.
Incluso si no sucede, un ataque en Siria podría generar nuevos brotes de violencia en la región, pues dispararía las tensiones entre islamistas chiíes y suníes.
“Hezbolá o Irán podrían ordenar ataques contra suníes en el Líbano dada la percepción de que este clan del islam se alinea con Occidente; atentados en otros países, como Jordania o Arabia Saudí, o blancos de Occidente en India, Tailandia, Filipinas e incluso Suramérica”, afirma Hammer.
Y, por supuesto, también está por verse la reacción de Rusia, un gran aliado de Damasco que ya de por sí viene ofendido por la intervención de la Otán en Libia en el 2011 y Bosnia en 1999, zonas que consideraba de su influencia estratégica. Lo más grave, desde la perspectiva de EE. UU., es que el bombardeo cause tal desequilibrio que termine arrastrando a Moscú a un conflicto del que no quiere hacer parte.
Muchos aspectos inciertos y ninguno favorable para un Obama que llegó a la Casa Blanca tratando de poner fin a más de una década de aventuras militares.
Advertencia
Guerra en el ciberespacio
La Oficina Federal de Investigación de Estados Unidos (FBI) reforzó su advertencia a las empresas de que un grupo de crimen informático vinculado al Gobierno en Damasco podría intensificar sus ataques en Internet. El Ejercito Electrónico Sirio (SEA, por siglas en inglés) ha sido “altamente efectivo al comprometer a múltiples medios de difusión de alto perfil”, dijo, refiriéndose a la interrupción por varias horas de la web del New York Times y la alteración de la cuenta de Twitter de Associated Press.
Vigilia de oración del papa por la paz en Siria
Ciudad del Vaticano (Reuters). Un Papa Francisco de aspecto sombrío realizó ayer un apasionado llamado para evitar que se extienda el conflicto en Siria, instando a los líderes mundiales a sacar a la humanidad de una “espiral de pena y muerte”.
El Santo Padre, quien hace dos días catalogó la solución militar en Siria como una “búsqueda fútil”, lideró a los 1.200 millones de católicos en un día de oración y ayuno global por la paz en Siria, Oriente Próximo y el mundo. Fue una liturgia de cinco horas.
SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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